Cáncer de próstata: prevención y calidad de vida

¿Te han diagnosticado cáncer o alguien de tu familia tiene o ha tenido cáncer? Si tu contestación es que sí a estas preguntas, o no, pero estás interesado en prevenir el cáncer, este post puede interesarte. 

Soy Paula Planelles Soler, licenciada en medicina en la Universidad de Valencia en 2014. Especialista en urología, Fellow in European Board of Urology por la EAU (European Association of Urology) en 2021, máster en cirugía de mínima invasión urológica avanzada por la Universidad de Extremadura y dedicada al cáncer de próstata en mi día a día. 

Aprovechando que el mes de junio era el mes de la prevención y concienciación del cáncer de próstata, os escribo para contaros que mi principal interés es el paciente oncológico y, para ello, dedico mi formación diaria a la prevención del cáncer, el estudio genético y la calidad de vida conseguida a base de una correcta alimentación, ejercicio físico adaptado y cuidado de la salud mental.

Para mí los pilares básicos de la calidad de vida son la nutrición, el ejercicio físico y el bienestar emocional.

Imagen 1.  Paula Planelles Soler.

¿Por qué deberías seguir leyendo?

Porque en los últimos años, el aumento de la población, el envejecimiento, la exposición a factores de riesgo como el tabaco, el alcohol, la obesidad y el sedentarismo, han aumentado el número de cánceres diagnosticados en España y se prevé que esas cifras sigan aumentando. Así que… ¡Está en tus manos prevenirlo!

En concreto en España, según datos de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM) en 2022, aproximadamente unos 30.884 varones se estima que fueron diagnosticados de cáncer de próstata, siendo, por tanto, la primera causa de cáncer en la población masculina [1]. 

En España el cáncer de próstata es el más frecuente en hombres, tanto es así que uno de cada cinco hombres lo padecerá a lo largo de su vida.

Imagen 2. Número estimado de casos incidentes de cáncer en hombres en España por tipo tumoral, 2022. (Fuente: Red Española de Registros de Cáncer)

Y si es el más frecuente entre varones…

¿Por qué sigue siendo un cáncer tan desconocido entre la población?

La respuesta es que el cáncer de próstata sigue englobado entre los temas tabú de la sociedad, ya que implica un estigma para los pacientes por los efectos de la enfermedad, por su vínculo con la imagen de virilidad y, además, porque está poco representado en las políticas públicas, que le dan poca o nula visibilidad. [2

Aunque sabemos que los programas de detección precoz reducen la mortalidad aproximadamente en el 21% (hablaremos de este tema en otros post) y que los factores de riesgo establecidos son la edad, la etnia y los antecedentes familiares [3], existen factores modificables como son la nutrición y la actividad física que se han relacionado con el riesgo y progresión de esta enfermedad. [4,5] Es por lo que, no debemos dejar de lado la modificación de nuestro estilo de vida. 

Para ello, Ibions nos ayuda a ajustar nuestra alimentación según la fase en la que nos encontremos en el diagnóstico del cáncer, ya que en este tipo de cáncer debe ajustarse al momento de la enfermedad y a cada paciente de forma individualizada.

Imagen 3. Cáncer de próstata.

Varios estudios científicos han investigado la relación entre la nutrición y el cáncer de próstata, y se sugiere que una alimentación rica en frutas y verduras, baja en grasas saturadas y carnes rojas, puede estar asociada a un menor riesgo de desarrollar cáncer de próstata.

Además, algunos alimentos específicos, como vegetales crucíferos (coliflor, brócoli, verduras de hoja verde), el tomate y alimentos con alto contenido de licopeno [6,7,8] y el pescado graso (por su contenido de ácidos grasos omega-3), sugieren beneficios potenciales en la prevención del cáncer de próstata y su progresión. En cambio, una ingesta elevada de productos lácteos puede asociarse a un mayor riesgo. [9] 

Si te interesa profundizar en el tema de la alimentación, síguenos a Ibions y a mí, pronto en mi perfil te podré ayudar en ello.

Una dieta rica en verduras crucíferas, tomate y fruta ayuda en la prevención del cáncer de próstata.

Otra preocupación de los pacientes son los efectos adversos: ¿hay algo que pueda ayudar a reducirlos?

Sabiendo que los tratamientos son eficaces, lo que debe preocuparnos a los sanitarios y a los pacientes y familiares es mantener la calidad de vida. En ella influyen fundamentalmente los efectos secundarios de los tratamientos como la incontinencia de orina, la alteración de la función sexual, la fatiga, los sofocos, el dolor (óseo), la osteoporosis, el aumento de masa grasa, la pérdida de tono y atrofia muscular… Los efectos adversos son mayores durante el tratamiento, pero algunos como la fatiga podrían perdurar en el tiempo.

El ejercicio físico y una alimentación adaptada y adecuada mejoran los síntomas biopsicosociales relacionados con el cáncer y su tratamiento.

Ya nos lo recuerda la Dra. Blanca Segarra Vidal en el anterior post con su lema: “El ejercicio es medicina. Si te han diagnosticado de un cáncer puedes y debes hacer ejercicio”. Y es que, la actividad física de moderada a intensa se asocia a un menor riesgo de mortalidad específica del cáncer de próstata y, también, a un menor riesgo de progresión o recurrencia bioquímica (progresión de la enfermedad).

Imagen 4. Ejercicio físico.

¿Y qué tipo de ejercicio podemos realizar?

Al igual que la alimentación, la actividad física debe ser individualizada en función del momento de la enfermedad, en general recomendamos ejercicios de fuerza y resistencia adaptados a cada paciente. No es lo mismo el paciente con cáncer de próstata que se opera con fines curativos, quien tras la cirugía se podrá considerar un paciente prácticamente sano, que el paciente con una cáncer avanzado con metástasis óseas y con alto riesgo de fractura por osteoporosis y disminución de la masa muscular secundario al tratamiento hormonal y/o la quimioterapia. 

En el cáncer de próstata 3 horas de actividad física de moderada a intensa por semana, se asocia a una disminución de la mortalidad del 61%, en comparación con menos de 1 hora por semana [10,11]. Además, se ha demostrado que la actividad física reduce los efectos adversos del tratamiento y mejora la calidad de vida en aquellos pacientes que reciben tratamiento hormonal (terapia de privación androgénica o castración química) [12,13,14]. 

Así que, aunque no puedas evitar la genética ni cambiar tus antecedentes… ¡Está en tus manos ayudarte!

Paula Planelles Soler

@draplanellessoler (instagram)

@planellessoler (twitter)

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¡Os esperamos!

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