La importancia de tener una microbiota sana

¿Alguna vez has pensado qué es eso de los probióticos que anuncian en la tele?

Por fin vas a conocer qué son y por qué son beneficiosos para ti.

En nuestro cuerpo hay millones de virus y bacterias en un equilibrio biológico vital que nos ayudan a tener una buena salud y participan protegiendo a nuestro cuerpo de muchas enfermedades.

Los virus y las bacterias son tus aliados

¿Sabías que hay millones de virus y bacterias (sí, de esos que parece que siempre sean los malos de la película) formando parte de nuestro cuerpo en un equilibrio biológico vital? Nos ayudan a tener una buena salud y participan protegiendo a nuestro cuerpo de muchas enfermedades. A cambio, nosotros les alimentamos y les damos cobijo en nuestro cuerpo. Se encuentran en nuestro tracto gastrointestinal, en nuestros órganos genitales y en nuestra piel. De hecho, distintos estudios han llegado a la conclusión que en el cuerpo humano habitan una media de 10¹³ células microbianas, ¡más que nuestras propias células! [1]

A este conjunto de microorganismos que nos habitan (se llaman así porque son tan pequeños que no podemos verlos a simple vista, necesitaríamos un microscopio) le llamamos microbiota y, definitivamente, és un arma de doble filo. Si está en equilibrio, es beneficiosa para nuestro bienestar, pero cuando se altera, puede generar diversos problemas de salud: desde alteraciones intestinales como la diarrea, pasando por un sistema inmune debilitado y más susceptible a alergias, hasta patologías más graves.

Actualmente se está investigando su relación con trastornos neuropsiquiátricos como la depresión, en trastornos autoinmunes como la artritis reumatoide e, incluso, se ha visto que puede estar relacionado con un mayor riesgo de cáncer pudiendo, además, disminuir la eficacia de su tratamiento. [2]

El cuerpo humano habitan una media de 1013 células microbianas, que en su conjunto forman la microbiota.
Microorganismos de nuestro intestino.

La microbiota, el órgano olvidado

A día de hoy tenemos un conocimiento limitado sobre ella, pero cada vez hay más datos e investigación sobre el microbioma. De hecho, se habla de la microbiota como el órgano olvidado, ya que se estima que, en conjunto, puede pesar nada más y nada menos que entre 200 y 1000 gramos [3], que es muchísimo, teniendo en cuenta que cada microorganismo es mucho más pequeño que una mota de polvo microscópica y, sobre todo, debido a todas las funciones a nivel metabólico, del sistema inmuneendocrino que se están descubriendo [4]

Aunque sea un ámbito con muchísimo potencial, existen distintas limitaciones que superar para conocer más sobre la microbiota. La mayoría de estudios actuales no se han realizado en humanos, ya que se quedan en las fases previas, haciendo difícil la extrapolación de los resultados a algo tan complejo como nuestro cuerpo. Incluso a nivel de laboratorio todavía no conocemos qué condiciones necesitan la mayoría de microorganismos para vivir, y así poder simularlos, hacerlos crecer y estudiarlos detenidamente.

Se está descubriendo que la microbiota puede realizar funciones a nivel metabólico, del sistema inmuneendocrino[4]

Funciones beneficiosas de la microbiota

Sin embargo, alguna cosa sí sabemos. Las funciones más conocidas de la microbiota son las siguientes:

  1. Digieren nutrientes que nosotros no sabemos digerir, como por ejemplo la fibra [5].
  2. Generan nutrientes beneficiosos para nuestro cuerpo, como los llamados ácidos grasos de cadena corta (que dan energía a las células de nuestro cuerpo, sobre todo a las de nuestro colon), sintetizan aminoácidos necesarios, y se encargan de producir vitamina B12 para nuestro correcto funcionamiento [6].
  3. Nos ayudan a degradar substancias químicas que pueden generar toxicidad a nuestro cuerpo, por ejemplo, algunos contaminantes que encontramos en la comida que ingerimos, como podrían ser restos de pesticidas de las frutas [7].
  4. Producen compuestos que nos sirven para luchar contra microorganismos patógenos como, por ejemplo, mediante el uso de bacteriocinas, unos tóxicos producidos por bacterias de un tipo en concreto que eliminan bacterias patógenas [8].
  5. Estimulan nuestro sistema inmune, por ejemplo, ayudando a la maduración de nuestras células inmunitarias para que luchen contra infecciones [9].

En conclusión, son como un equipo interno que trabaja a la sombra pero que tiene un papel fundamental en nuestra salud.

Se está descubriendo que la microbiota tiene funciones a nivel metabólico, del sistema inmune o endocrino.
Microbiota

Relación entre la alimentación y la microbiota

Ahora ya conocemos la importancia de la microbiota, entonces, ¿por qué no buscar soluciones para que sea beneficiosa para nosotros?

Hace ya tiempo que se nos ocurrió esa idea, no a nosotros claro, de hecho, a principios del siglo XX, un hombre llamado Pasteur, que seguramente os sonará un poquito, se sumergía en el estudio de las bacterias patógenas, unos años después, un alumno suyo llamado Elie Metchnikov exploró las características de las bacterias presentes en los intestinos. Fue él quien reveló los impactos positivos, tanto en la flora intestinal como en el funcionamiento general de nuestro organismo, de ciertas bacterias que se encontraban en la leche fermentada y el yogur [10]. 

Elie Metchnikov descubrió los impactos positivos tanto en la flora intestinal como en el funcionamiento general de nuestro organismo de ciertas bacterias que se encontraban en la leche fermentada y el yogur.
Elie Metchnikov

Un prebiótico son sustancias que sirven de alimento para nuestras bacterias. No son digeribles por nosotros, pero sí por la microbiota. De esta forma, si nuestra alimentación contiene nutrientes que las contengan, estamos proporcionándoles un ambiente óptimo para crecer y realizar sus funciones. Les estamos sirviendo la comida en el plato. Por ejemplo, en las alcachofas, los puerros, las cebollas o el ajo encontramos inulina, un tipo de fibra que nosotros no digerimos pero que, al llegar al colon, sirve de alimento para nuestra microbiota [11].

Los probióticos son microorganismos vivos que, cuando se administran en cantidades adecuadas, tienen un beneficio para nuestra salud. Por ejemplo, los yogures tienen una bacteria llamada Lactobacillus acidophilus, que se ha visto que ayudan a mantener la salud digestiva, que inhibe el crecimiento de otros microorganismos patógenos e incluso participa en el correcto funcionamiento de nuestro sistema inmunitario [11] [12].

Por último, los postbióticos son microorganismos que no están vivos, o bien partes de sus componentes, que confieren un beneficio para nuestra salud [13]. Se ha visto que aun sin estar vivos los microorganismos también pueden ser muy útiles, por ejemplo, en síntomas asociados al síndrome del intestino irritable, en la diarrea intensa o incluso en el estrés crónico [14].

Prebióticos, probióticos y postbióticos, las tres Ps de la microbiota.
Prebióticos, probióticos y postbióticos

En definitiva, la microbiota es un mundo por descubrir con muchísimo potencial. Aun así, hemos de ser conscientes de que es un ámbito relativamente nuevo, y por lo tanto hay que ir con mucha precaución al seguir ciertas recomendaciones. Por ejemplo, aunque el uso de probióticos se ha popularizado ampliamente los últimos años, los resultados de algunos ensayos clínicos con probióticos son contradictorios. Incluso hay artículos publicados donde su uso en pacientes con cáncer puede ser perjudicial y disminuir la eficacia de los tratamientos [15]. 

Por eso hemos de evitar dejarnos llevar por tendencias y sensacionalismos y priorizar el sentido común y los datos verificados científicamente. Desde Ibions vamos a ayudaros en todo lo que podamos ¡No te pierdas los próximos posts para descubrir mucho más sobre la microbiota, probióticos, prebióticos y postbióticos!

Lo primordial es escuchar a nuestro cuerpo, y ahora que ya nos conocemos, ¡también a quienes habitan en él!

¿Qué te ha parecido este post? ¿Tienes alguna duda?

Conocer nuestro cuerpo y su funcionamiento nos ayuda a mejorar nuestra salud.

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María Llena

Referencias

[1] Sender, R., Fuchs, S., & Milo, R. (2016). Revised Estimates for the Number of Human and Bacteria Cells in the Body. PLOS Biology, 14(8), e1002533.  https://doi.org/10.1371/journal.pbio.1002533

[2] Song, B. C., & Bai, J. (2021). Microbiome-gut-brain axis in cancer treatment-related psychoneurological toxicities and symptoms: a systematic review. Supportive Care in Cancer, 29(2), 605–617. https://doi.org/10.1007/s00520-020-05739-9

[3] O’Hara, A. M., & Shanahan, F. (2006). The gut flora as a forgotten organ. EMBO Reports, 7(7), 688–693. https://doi.org/10.1038/sj.embor.7400731

[4] Baquero, F., & Nombela, C. (2012). The microbiome as a human organ. Clinical Microbiology and Infection, 18, 2–4. https://doi.org/10.1111/j.1469-0691.2012.03916.x

[5] Guo, K., Yao, Z., & Yang, T. (2022). Intestinal microbiota-mediated dietary fiber bioavailability. Frontiers in Nutrition, 9. https://doi.org/10.3389/fnut.2022.1003571

[6] Fang, H., Kang, J., & Zhang, D. (2017). Microbial production of vitamin B12: a review and future perspectives. Microbial Cell Factories, 16(1), 15. https://doi.org/10.1186/s12934-017-0631-y

[7] Nogacka, A. M., Gómez-Martín, M., Suárez, A., González-Bernardo, O., de los Reyes-Gavilán, C. G., & González, S. (2019). Xenobiotics Formed during Food Processing: Their Relation with the Intestinal Microbiota and Colorectal Cancer. International Journal of Molecular Sciences, 20(8), 2051. https://doi.org/10.3390/ijms20082051

[8] Murphy, C. K., O’Donnell, M. M., Hegarty, J. W., Schulz, S., Hill, C., Ross, R. P., Rea, M. C., Farquhar, R., & Chesnel, L. (2023). Novel, non-colonizing, single-strain live biotherapeutic product ADS024 protects against Clostridioides difficile infection challenge in vivo. World Journal of Gastrointestinal Pathophysiology, 14(4), 71–85. https://doi.org/10.4291/wjgp.v14.i4.71

[9] Tiihonen, K., Ouwehand, A. C., & Rautonen, N. (2010). Human intestinal microbiota and healthy ageing. Ageing Research Reviews, 9(2), 107–116. https://doi.org/10.1016/j.arr.2009.10.004

[10] Underhill, David M.; Gordon, Siamon; Imhof, Beat A.; Núñez, Gabriel; Bousso, Philippe (2016). Élie Metchnikoff (1845–1916): celebrating 100 years of cellular immunology and beyond. Nature Reviews Immunology, (), –. doi:10.1038/nri.2016.89

[11] Schrezenmeir, J., & de Vrese, M. (2001). Probiotics, prebiotics, and synbiotics—approaching a definition. The American Journal of Clinical Nutrition, 73(2), 361s–364s. https://doi.org/10.1093/ajcn/73.2.361s

[12] Schlundt, J. (2012). Report of a Joint FAO/WHO Expert Consultation on Evaluation of Health and Nutritional Properties of Probiotics in Food Including Powder Milk with Live Lactic Acid Bacteria. https://www.fao.org/3/y6398e/y6398e.pdf

[13] Salminen, S., Collado, M. C., Endo, A., Hill, C., Lebeer, S., Quigley, E. M. M., Sanders, M. E., Shamir, R., Swann, J. R., Szajewska, H., & Vinderola, G. (2021). The International Scientific Association of Probiotics and Prebiotics (ISAPP) consensus statement on the definition and scope of postbiotics. Nature Reviews Gastroenterology & Hepatology, 18(9), 649–667. https://doi.org/10.1038/s41575-021-00440-6

[14] Nishida, K., Sawada, D., Kuwano, Y., Tanaka, H., & Rokutan, K. (2019). Health Benefits of Lactobacillus gasseri CP2305 Tablets in Young Adults Exposed to Chronic Stress: A Randomized, Double-Blind, Placebo-Controlled Study. Nutrients, 11(8), 1859. https://doi.org/10.3390/nu11081859

[15] Spencer, C. N., McQuade, J. L., Gopalakrishnan, V., McCulloch, J. A., Vetizou, M., Cogdill, A. P., Khan, M. A. W., Zhang, X., White, M. G., Peterson, C. B., Wong, M. C., Morad, G., Rodgers, T., Badger, J. H., Helmink, B. A., Andrews, M. C., Rodrigues, R. R., Morgun, A., Kim, Y. S., … Wargo, J. A. (2021). Dietary fiber and probiotics influence the gut microbiome and melanoma immunotherapy response. Science, 374(6575), 1632–1640. https://doi.org/10.1126/science.aaz7015

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