Arteterapia: ¿Qué es lo que convierte el arte en terapéutico?

Arteterapia: ¿Qué es lo que convierte el arte en terapéutico?

El arte es casi tan antiguo como el hombre y es un espacio para la expresión creativa del ser.

Este hecho se acepta y se fomenta, sin embargo, cuando es utilizado en un entorno terapéutico no recibe igual aceptación. Existe una esencial diferencia entre el arte en un sentido más tradicional y el arte con fines terapéuticos. En el primer caso, el foco está puesto en el resultado, dejando en un segundo plano el proceso y priorizando consideraciones estéticas.

En cambio, en la terapia de arte lo más importante son la persona y el proceso; no tienes que saber dibujar, lo que menos queremos en terapia es aumentar o generar ansiedad, no tendría sentido.

La actividad artística en este escenario es el medio de expresión no verbal a través del cual se facilitan procesos de introspección; el arte se nos presenta como una forma de decir lo indecible, atravesando barreras y mecanismos que nos protegen, para llegar a donde las palabras no alcanzan, a aquello que es confuso, doloroso, traumático y/o inconsciente.

Las primeras sesiones en terapia nos llevan a lugares mentales como: no sé por dónde empezar, no estoy lista(o) para contar esto, me da miedo ser juzgada(o), ¿qué siento?, ¿cómo lo expreso?

El pensamiento da estructura, pero a veces puede ser limitante. Cuando hablamos emitimos juicios de valor, opiniones razonadas y categorizadas, pensamientos automáticos, creencias, en cambio, el arte nos permite explorar más allá del razonamiento.

El arteterapia como vía para el autoconocimiento nos permite llegar desde un lugar más noble y amable. El arte nos regala la historia que no estamos pudiendo contar en palabras en el momento en el que estamos listos para hacerlo, ya que solamente entonces se manifiesta.

Nuestras barreras suelen ser cognitivas (“no quiero tocar ese tema”), emocionalmente nos protegemos desviando el pensamiento, y por tanto, el discurso, de aquellos lugares en los cuales percibimos amenaza o vislumbramos dolor. En cambio, al dibujar surgen temas que no pasan por el pensamiento y se activan otras vías que, por tanto, nos llevan a otros destinos. Así, el arte nos permite observar la emoción sin que esta nos ahogue.

Aquello que no podemos resolver en el papel probablemente tampoco estamos logrando resolverlo en nuestras vidas, sin embargo, exteriorizarlo nos permite alejarnos, verlo con perspectiva y resolverlo de manera creativa. Así, el arte nos regala la sensación de posibilidad.

Simbolizar sentimientos y experiencias a través del arte puede ser un medio de expresión más poderoso que la descripción verbal, y a la vez, es menos amenazante o abrumador.

Una vez que se ha utilizado el arte como medio de expresión, hablar con un terapeuta que acompaña el proceso sobre aquello que fue plasmado, permite que la persona resignifique la experiencia, es decir, que vincule el significado de su arte con su situación de vida.

En cuanto herramienta terapéutica, el arte es un espejo que nos refleja, está ahí frente a nosotros, invitándonos a la reflexión y al diálogo con el propio ser. Además, sobrevive al paso de los años, dándonos una suerte de álbum fotográfico que nos permite vernos a través del tiempo. Es, en otras palabras, un registro vital, fotografías de nuestro mundo interno en los momentos específicos en que fueron creadas. Al tener la posibilidad de literalmente ver el cambio, soltamos la fantasía de que la situación difícil que estamos atravesando es eterna y de que las emociones son para siempre. La obra resultante es un medio para explorar sentimientos, reconciliar conflictos y resignificar.

La aplicación de la expresión artística en terapia se extiende a cualquier tipo de población, desde el niño pequeño que garabatea hasta el adulto mayor que crea con arcilla.

Es a su vez, un medio para enfrentar temas como la pérdida y la muerte, ya que atraviesa y logra trascender los tabúes que rodean estos temas. El dolor no es estético y, sin embargo, se expresa con potencia y se hace presente. A través del discurso podemos huir de mil maneras, en cambio, el proceso creativo crea un puente con el mundo interno, el cual, puede fortalecerse y funcionar como antídoto contra aquello que amenaza la vida.

El arte es el juego de los adultos y aunque no siempre se consigue nombrar algo concreto, sin duda, las piezas se van reacomodando. Cuando vas a terapia no necesariamente sales iluminado, pero aprendes a conocer tus puntos ciegos, y habitar nuevos colores es siempre un mejor escenario que permanecer en la oscuridad.

Te invito a intentar un ejercicio práctico: ¿cómo pintarías tu respiración en este momento?

Mary Carmen Hernández
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