
Lácteos e intolerancia a la lactosa, ¿qué dice la ciencia?
¿Si dejo de tomar lácteos me vuelvo intolerante a la lactosa? ¿Alguna vez te han dicho que, si dejas de
¿Alguna vez te han dicho que, si dejas de consumir lácteos durante un tiempo, al volver a incluirlos en tu dieta, vas a notar más gases, hinchazón o molestias abdominales? Estas opiniones de las personas de nuestro alrededor, posiblemente con la mejor intención, pueden llevarnos a pensar que nuestro organismo se vuelve “intolerante” a la lactosa si dejamos de consumir lácteos temporalmente. Sin embargo, la explicación, como casi siempre en ciencia, es más compleja.
La lactosa es un azúcar compuesto por dos azúcares libres (glucosa y galactosa) y constituye el principal carbohidrato presente en la leche y sus derivados [1]. Por otro lado, la lactasa es la enzima encargada de digerir este azúcar. Al contrario de lo que puede llegar a parecer, la evidencia científica disponible indica que dejar de consumir lactosa durante varias semanas, no hace que el intestino deje de producir lactasa [2]. Lo que sí puede cambiar es la composición y actividad de la microbiota intestinal, lógicamente, ya que nuestra microbiota depende en gran medida de lo que comemos [2].
La lactasa, es una enzima encargada de descomponer la lactosa, se encuentra en el intestino delgado. Al descomponer la lactosa, la divide en azúcares más pequeños (glucosa y galactosa) para que puedan ser absorbidos con mayor facilidad [2].
En la mayoría de los mamíferos, la actividad de la lactasa intestinal es alta al nacer, pero disminuye progresivamente después del destete, lo que finalmente limita la capacidad de digerir la lactosa de la dieta a medida que envejecemos [2]. Sin embargo, en algunos humanos, una mutación genética permite que la actividad de la lactasa intestinal persista en la edad adulta [2]. Esta mutación que permite digerir la lactosa en la edad adulta apareció de forma independiente en Europa, África y Oriente Medio hace entre 3000 y 7500 años, impulsada por la domesticación del ganado y la selección natural en momentos de crisis [3].
Sin embargo, no toda la lactosa tiene por qué ser digerida en el intestino delgado. La cantidad que no se absorbe llega al colon, donde es fermentada por la microbiota intestinal [2]. Y es, precisamente en este punto, donde existe cierta capacidad de adaptación del organismo [2]. Cuando consumimos lactosa de forma habitual, algunas bacterias capaces de utilizarla pueden aumentar su actividad [2]. Esta adaptación puede modificar la forma en la que la lactosa es fermentada y, en algunas personas, contribuir a una mejor tolerancia, con menos gases y molestias digestivas [2].
Por el contrario, cuando eliminamos completamente la lactosa durante un periodo prolongado, esta adaptación bacteriana podría disminuir. Como consecuencia, al volver a consumir lactosa pueden aparecer inicialmente más gases, distensión abdominal u otras molestias digestivas [2]. Esto no significa necesariamente que se haya desarrollado intolerancia a la lactosa ni que se haya perdido la capacidad de producir lactasa; simplemente la microbiota del colon ya no está tan adaptada para procesar la lactosa, pero puede volver a adaptarse rápidamente [2].
En definitiva, mientras que la actividad de la lactasa intestinal es constitutiva y solo varía por factores genéticos o por la edad y, por tanto, no se incrementa por consumir más lactosa ni disminuye por dejar de consumirla; la microbiota colónica sí podría adaptarse según la cantidad de lactosa que llega al colon [2,4]. No obstante, hay estudios que han mostrado que la reintroducción de la lactosa no siempre provoca cambios en la microbiota que permiten su mejor tolerabilidad a nivel de microbiota [5].
Por tanto, parece que la respuesta puede variar considerablemente entre individuos y depender de factores como la cantidad de lactosa consumida, la duración de la eliminación, la frecuencia de exposición y, especialmente, la composición y capacidad funcional de la microbiota de cada persona [5].
Es aquí cuando puede surgir una nueva pregunta: ¿deberíamos consumir lácteos todos los días? La respuesta depende de los gustos de cada persona, sus objetivos a nivel salud, si existe una malabsorción/intolerancia a la lactosa, y de la cantidad y forma en la que se consume la lactosa.
Si la preocupación es una alimentación equilibrada y saludable, no es necesario el consumo de lácteos para conseguirla [6], y se han publicado numerosos estudios que relacionan el consumo de lácteos con mayor riesgo para desarrollar diferentes tipos de tumores [7,8], especialmente aquellos no fermentados como la leche [8].
La respuesta a nivel científico no es sencilla. Para conseguir una alimentación equilibrada no son necesarios, esto es clave [9]. Para el paciente oncológico se ha demostrado que algunos tratamientos pueden aumentar la intolerancia a la lactosa y los factores de crecimiento que contienen los lácteos podrían estar relacionados con el origen y desarrollo de ciertos tipos de tumores [10,11]. Por tanto, la respuesta es que depende de la situación de cada persona, el tipo de lácteo o la cantidad de los mismos, pero dejar de tomarlos no va a hacer que desarrolles intolerancia a la lactosa [12].
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Maria Ginesta & Julio Madrigal-Matute
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