Hablemos de Hábitos: Saludables o no saludables

¿Son tus hábitos son saludables?

  • “De esta semana no pasa: ¡voy al gimnasio seguro!”
  • “Eso dije yo, y me duró cuatro días. Total…, para qué tanto esfuerzo si la vida son dos días…
  • “Lo he intentado muchas veces, pero es que tú no sabes lo que disfruto con mi café con leche y mi croissant de cada mañana”.
  • “Te entiendo perfectamente. Me pasa lo mismo con el café, donut y cigarrillo antes de empezar la jornada. Tampoco pasa nada por uno al día, ¿no?

Antes de continuar leyendo, me gustará saber si alguna vez has escuchado una conversación similar a la que acabas de leer. Es más, me gustará saber si alguna vez has sido una de esas personas manteniendo una conversación similar. ¿Sabes una cosa? Yo sí las he escuchado, y además, también he sido protagonista de ellas en algún momento de mi vida.

Con esta pequeña introducción, te invito a que hablemos sobre una palabra que probablemente habrás nombrado, y escuchado, más de una y mil veces. Esa palabra que tan fácil es de nombrar, y que parece tan difícil de conseguir. ¿La adivinas? Exacto, hablaremos sobre HÁBITOS.

Te propongo una lectura sencilla, ágil, y por encima de todo, útil. El objetivo que persigo es que después de leer este artículo, puedas hacer una revisión de esos hábitos que, en algún momento, te has planteado eliminar, cambiar, modificar…, pero ahora con una visión más completa. Espero generar la curiosidad en ti y que, si quieres y puedes, vuelvas a intentarlo.

¿Qué es un hábito? No es más que aquella acción que haces una y otra vez, de manera automática. Es lo que en ocasiones has dicho, y escuchado, “es que lo hago solo, me sale sin pensar”. Podríamos hablar, por ejemplo, del hábito de lavarte los dientes, del hábito de ducharse por la mañana, del hábito de apagar la luz cuando sales de casa, o del hábito de desayunar un croissant…, o una pieza de fruta.

Con esta última frase seguro que estás intuyendo que existen dos tipos de hábitos, unos que vamos a denominar hábitos saludables y otros que llamaremos hábitos no saludables. La manera de distinguir los unos de los otros es sencilla: los unos favorecen tu calidad y esperanza de vida, por ejemplo, hacer ejercicio, comer verduras y frutas, leer, dormir 7-8 horas diarias, pasar tiempo con familia y amigos o reír. Los otros la reducen, por ejemplo, beber alcohol, fumar, comer alimentos procesados o consumir bebidas azucaradas. Ya te dije que pretendo que sea una lectura ágil y útil…, nada de muchos rodeos.

¿Cómo se forman los hábitos? Esta es la siguiente variable que pretendo aclarar, y espero seguir haciéndolo de una manera clara. Los hábitos se forman en el tiempo mediante las repeticiones que hacemos de una conducta determinada. ¡Ojo!, así se forman los hábitos, tanto los saludables como los no saludables. Para terminar de cerrar este círculo sobre la formación de hábitos, debes saber que hay dos variables determinantes: a) un recordatorio (o estímulo) que es previo a la acción y, b) una recompensa, que es posterior a la conducta. 1

En otro artículo, si te apetece, podemos hablar más en profundidad sobre esto, aunque ya te dejo un pequeño avance: hay hábitos no saludables que sí tienen una recompensa “positiva” a corto plazo y así la experimentamos. Piensa en ese amigo que te explica lo bien que se siente después de haberse comido un croissant o fumarse un cigarro: la recompensa ha sido positiva (porque “se siente bien”). Por otro lado, hay hábitos saludables que sí tienen una recompensa “negativa” a corto plazo y así la experimentamos. Ahora piensa en ese otro amigo que te explica lo mal que se siente después de haberse comido un brócoli o salir a correr durante media hora (porque “el brócoli me da angustia” o “me duele todo después de correr”).

Por lo tanto, prestemos atención a los estímulos previos y las recompensas posteriores a la hora de crear, mantener o modificar hábitos.

Entonces, ¿los hábitos se pueden eliminar? Verás, eliminar como tal no, puesto que las conexiones neuronales creadas en tu cerebro van a seguir estando almacenadas (concretamente, en los ganglios basales).2 No obstante, lo que sí que puedes hacer es reemplazar un hábito no saludable por otro que sea saludable. De esta manera, el efecto del hábito perjudicial se irá debilitando, y el efecto del hábito saludable se irá fortaleciendo. Recuerda que los hábitos no saludables tienen una recompensa a corto plazo favorable para tu cerebro, y eso hace que persista y lo repitas en el tiempo.3

Es muy probable que estés pensando que esto parece muy fácil de decir, pero muy difícil de hacer. Pues bien, esto nos conecta con el factor clave para instaurar un hábito. Donde más energía, tiempo y reflexión te invito a que inviertas es en el sentido por el cual quieres asentar ese hábito…, ya sabes, en el para qué de ese nuevo comportamiento que vas a instaurar. Y aquí, sí soy muy insistente: tómate todo el tiempo que necesites, consulta con tu psicólogo y seguro que te ayudará a llegar a ese sentido. Una vez lo tengas claro e interiorizado, “solo” es cuestión de pico y pala (permíteme la expresión), es decir, aumentar el número de repeticiones en el tiempo, con unas buenas elecciones de recordatorios y recompensas…, y ¡objetivo conseguido!

Espero que esta lectura te haya ayudado a reflexionar sobre tus hábitos. Si hay algo más que te gustaría saber, por dónde empezar, cuáles son las situaciones en las que te has encontrado, las dificultades que has tenido, los hábitos que te gustaría iniciar, estaré encantado de que los compartas conmigo y estaré a tu lado para ayudarte.

Por último, te quiero dar las gracias por tu tiempo y la atención con la que me has leído. Ahora me toca a mí leer tus comentarios.

Un abrazo,

Ángel Vergara Vallejo

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